Una sonrisa que cambió una vida
Acababa de conocer a Alicia y yo estaba brillando como nunca había brillado.
Fuimos a tomar un café a un sitio al que yo iba mucho.
En un momento, Alicia se giró para mirar fuera. Yo pedí el café y sonreí a la barista, que ya me conocía de verme siempre por allí.
La miré y le sonreí.
Y, de repente, empezó a llorar.
Vi lo que estaba pasando, su cuerpo se estaba regulando y le pregunté si quería salir un momento fuera.
Le dije: “Mira, esto que te pasa es normal. Yo trabajo con el cuerpo y la energía, y algo se ha movido en ti.”
Alicia no entendía nada. Solo me preguntaba: “¿Pero qué le has dicho?” Una y otra vez.
Porque apenas había apartado la vista unos segundos y, cuando volvió, aquella mujer estaba completamente desbordada.
Le propuse venir a la consulta y ayudarla. Le dije que la invitaba a una sesión si le apetecía. Pero nunca vino.
Unas semanas después me escribió.
Llevaba años en un matrimonio abusivo. No se atrevía a denunciar. Y algo en aquella sonrisa le hizo darse cuenta de hasta qué punto necesitaba salir de ahí.
Ese mismo día fue al juzgado.
Hubo un juicio rápido. Y poco después me escribió otra vez para contarme que se mudaba a Canadá con su familia para empezar de nuevo.
Yo no hice nada “terapéutico”. No usé ninguna técnica.
Solo estaba en un estado de apertura y presencia tan grande que, al sonreír, algo llegó donde tenía que llegar.
A veces el impacto más profundo no requiere hacer algo. Solo estar en tu sitio.
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